EL HOMBRE QUE EMBOTELLÓ EL CIELO

Yves Klein: El hombre que embotello el cielo
En el documental “A history of art in three colours” (2012) el Doctor James Fox utiliza una famosa anécdota en el mundo del arte para describir fácilmente el origen de la pasión de Klein:
Fue en las playas de Niza donde llegó la iluminación para un joven que iba caminando con sus dos amigos un caluroso verano, simplemente admirando el escenario de la playa y el océano frente a sus ojos. Los tres amigos se recostaron sobre la arena, y en un momento de juvenil fantasía decidieron dividir el mundo entero entre ellos; el primer amigo escogió la tierra, el segundo el lenguaje, y el tercero escogió el cielo, y en ese momento fue como si ese joven alcanzara el gran domo celestial y lo firmara con su nombre: Yves Klein.
“Yves Klein nació en Niza, Francia en 1928, era el hijo de dos bohemios artistas, quienes se aseguraron de que creciera en un ambiente diferente al que residía en esa época en Francia, un ambiente de glamour y celebridades que buscaban diversiones. Tras el final de la Primera Guerra Mundial, se instituyó la Sociedad de Naciones, que nació con el fin de evitar que un conflicto de esa magnitud volviese a repetirse.” (Calvo Santos, M, 2016. p.1)
Desde el punto de vista de James Fox (2012)
Yves Klein (ver imagen 1) quería escapar de la normalidad e intentó prácticamente todo para lograrlo, andaba en caballos para carreras, bailaba toda la noche e incluso mostró interés en ser un maestro de judo. Klein fundía el inconformismo dadaísta con una profunda espiritualidad que se sustentaba en su pasión por la filosofía oriental y por el esoterismo. De hecho, estaba adscrito a la secta de los Rosacruces. “Todas sus acciones tenían para él un sentido metafórico y con ellas anticipó prácticas que luego se hicieron comunes a lo largo de la década de los sesenta.” (Calvo Santos, M, 2016. p.1) . Al final tenía otro plan bajo la manga pues decidió convertirse en un artista.
Fue en las playas de Niza donde llegó la iluminación para un joven que iba caminando con sus dos amigos un caluroso verano, simplemente admirando el escenario de la playa y el océano frente a sus ojos. Los tres amigos se recostaron sobre la arena, y en un momento de juvenil fantasía decidieron dividir el mundo entero entre ellos; el primer amigo escogió la tierra, el segundo el lenguaje, y el tercero escogió el cielo, y en ese momento fue como si ese joven alcanzara el gran domo celestial y lo firmara con su nombre: Yves Klein.
“Yves Klein nació en Niza, Francia en 1928, era el hijo de dos bohemios artistas, quienes se aseguraron de que creciera en un ambiente diferente al que residía en esa época en Francia, un ambiente de glamour y celebridades que buscaban diversiones. Tras el final de la Primera Guerra Mundial, se instituyó la Sociedad de Naciones, que nació con el fin de evitar que un conflicto de esa magnitud volviese a repetirse.” (Calvo Santos, M, 2016. p.1)
Desde el punto de vista de James Fox (2012)
Yves Klein (ver imagen 1) quería escapar de la normalidad e intentó prácticamente todo para lograrlo, andaba en caballos para carreras, bailaba toda la noche e incluso mostró interés en ser un maestro de judo. Klein fundía el inconformismo dadaísta con una profunda espiritualidad que se sustentaba en su pasión por la filosofía oriental y por el esoterismo. De hecho, estaba adscrito a la secta de los Rosacruces. “Todas sus acciones tenían para él un sentido metafórico y con ellas anticipó prácticas que luego se hicieron comunes a lo largo de la década de los sesenta.” (Calvo Santos, M, 2016. p.1) . Al final tenía otro plan bajo la manga pues decidió convertirse en un artista.
Según las anécdotas de James Fox (2012):
Klein pintaba cuadros que eran solamente un color sólido, rojos, naranjas, amarillos; pero el color más cautivante para él era el color del cielo. Las memorias de su niñez en las playas de Niza nunca lo abandonaron, y el azul eran un símbolo de escape del mundo y su materialismo, la libertad de dejar atrás dudas y preocupaciones. Así que cuando tenía veintitantos años decidió que la mejor forma de escapar de todo era crear un color nuevo, un azul tan profundo y liberador como el cielo mismo.
Viajó a París, donde sabía que vivía un legendario fabricante de colores, un hombre tan sumergido en los misterios y la magia del color, que Picasso y muchos otros artista de renombre habían confiado para preparar sus preciadas pinturas.
Así Yves Klein llegó también al estudio de Édouard Adam (ver imágenes 2 y 3).
Yves le explicó a el maestro de los pigmentos su problema al intentar crear el azul del sus sueños, el aceite tradicional utilizado para transformar los pigmentos azules en pintura adulteraban el color, así que para lograr obtener el azul luminoso del cielo Édouard tuvo que utilizar todo su conocimiento y experiencia para inventar un ingrediente secreto que llamó “Médium”. El ingrediente es completamente transparente, así que cuando mezclas el pigmento con el Médium se conserva la misma intensidad y color original del intenso pigmento azul con el que se mezcla
Lo que le interesaba a Yves era el azul de las profundidades del mar, el azul que sólo pertenecía al cielo. Eso era lo que le interesaba: el azul y el infinito, era un apasionado del infinito.
Y de pronto el sueño más grande de Yves Klein se volvió realidad frente a sus propios ojos, lo único que anhelaba más que nada: su propio color azul, con una tonalidad tan pura como la del cielo.
“Lo más maravilloso fue la mirada en sus ojos, era la mirada de niño, jubilosa por lo que había visto, estaba extremadamente complacido. Era el azul, eso era todo, sólo azul, y significaba todo
Klein pintaba cuadros que eran solamente un color sólido, rojos, naranjas, amarillos; pero el color más cautivante para él era el color del cielo. Las memorias de su niñez en las playas de Niza nunca lo abandonaron, y el azul eran un símbolo de escape del mundo y su materialismo, la libertad de dejar atrás dudas y preocupaciones. Así que cuando tenía veintitantos años decidió que la mejor forma de escapar de todo era crear un color nuevo, un azul tan profundo y liberador como el cielo mismo.
Viajó a París, donde sabía que vivía un legendario fabricante de colores, un hombre tan sumergido en los misterios y la magia del color, que Picasso y muchos otros artista de renombre habían confiado para preparar sus preciadas pinturas.
Así Yves Klein llegó también al estudio de Édouard Adam (ver imágenes 2 y 3).
Yves le explicó a el maestro de los pigmentos su problema al intentar crear el azul del sus sueños, el aceite tradicional utilizado para transformar los pigmentos azules en pintura adulteraban el color, así que para lograr obtener el azul luminoso del cielo Édouard tuvo que utilizar todo su conocimiento y experiencia para inventar un ingrediente secreto que llamó “Médium”. El ingrediente es completamente transparente, así que cuando mezclas el pigmento con el Médium se conserva la misma intensidad y color original del intenso pigmento azul con el que se mezcla
Lo que le interesaba a Yves era el azul de las profundidades del mar, el azul que sólo pertenecía al cielo. Eso era lo que le interesaba: el azul y el infinito, era un apasionado del infinito.
Y de pronto el sueño más grande de Yves Klein se volvió realidad frente a sus propios ojos, lo único que anhelaba más que nada: su propio color azul, con una tonalidad tan pura como la del cielo.
“Lo más maravilloso fue la mirada en sus ojos, era la mirada de niño, jubilosa por lo que había visto, estaba extremadamente complacido. Era el azul, eso era todo, sólo azul, y significaba todo
para él.” (Adam, É. 2012)
Bautizó su nuevo color como: “Azul Klein Internacional”, y para celebrar comenzó su propia revolución de color, todo lo que quería hacer era pintar todo lo pudiera con su color, para dejar la mayor cantidad de azul en el mundo como pudiera.
Una de las mejores partes de la celebración de Yves fue una serie de pinturas, todas idénticas; cada una de con el objetivo de hacer devoción a nada más que al Azul Klein Internacional (ver imágenes 4 y 5).
El Dr James Fox (2012) explica que:
Aunque sea difícil de creer cada uno de los monocromas que forman la serie requirieron una gran cantidad de tiempo y esfuerzo para hacer que las pinturas tengan exactamente el aspecto que tienen. Yves Klein era extremadamente meticuloso en su elección de lienzo, y los que utilizaba eran unos muy delgados hecho de fibras de algodón, que después cubría con un tipo de leche para suavizarlo aún más. Después empezaba a pintar lo más parejo posible para que la pintura fuera lo más uniforme posible.
Al observar los cuadros de cerca podríamos apreciar las fantásticas texturas de la pintura, que en realidad se ve como una vista aérea de un océano muy profundo, en el cual las olas reflejan la luz del sol.
Al ver en persona uno de los monocromas el Dr Fox (2012) dice los siguiente:
Es de los mejores azules que podrías llegar a ver en tu vida, es prácticamente perfecto: no es muy claro, ni demasiado oscuro, y parece que está en movimiento al mirarlo; en un momento da la impresión de que lo que estás observando no es un cuadro azul, si no el cielo a la distancia, y un segundo después sientes que te estás ahogando en el profundo océano. Pero, ¿qué significa? bueno, creo que Yves en realidad no quería que intentáramos descifrar un significado, creo que lo que él quería simplemente era que nos paremos frente al lienzo, que lo experimentemos y lo disfrutemos, nos pide dejar de lado nuestro día a día, por sólo unos minutos para abrir nuestros
Bautizó su nuevo color como: “Azul Klein Internacional”, y para celebrar comenzó su propia revolución de color, todo lo que quería hacer era pintar todo lo pudiera con su color, para dejar la mayor cantidad de azul en el mundo como pudiera.
Una de las mejores partes de la celebración de Yves fue una serie de pinturas, todas idénticas; cada una de con el objetivo de hacer devoción a nada más que al Azul Klein Internacional (ver imágenes 4 y 5).
El Dr James Fox (2012) explica que:
Aunque sea difícil de creer cada uno de los monocromas que forman la serie requirieron una gran cantidad de tiempo y esfuerzo para hacer que las pinturas tengan exactamente el aspecto que tienen. Yves Klein era extremadamente meticuloso en su elección de lienzo, y los que utilizaba eran unos muy delgados hecho de fibras de algodón, que después cubría con un tipo de leche para suavizarlo aún más. Después empezaba a pintar lo más parejo posible para que la pintura fuera lo más uniforme posible.
Al observar los cuadros de cerca podríamos apreciar las fantásticas texturas de la pintura, que en realidad se ve como una vista aérea de un océano muy profundo, en el cual las olas reflejan la luz del sol.
Al ver en persona uno de los monocromas el Dr Fox (2012) dice los siguiente:
Es de los mejores azules que podrías llegar a ver en tu vida, es prácticamente perfecto: no es muy claro, ni demasiado oscuro, y parece que está en movimiento al mirarlo; en un momento da la impresión de que lo que estás observando no es un cuadro azul, si no el cielo a la distancia, y un segundo después sientes que te estás ahogando en el profundo océano. Pero, ¿qué significa? bueno, creo que Yves en realidad no quería que intentáramos descifrar un significado, creo que lo que él quería simplemente era que nos paremos frente al lienzo, que lo experimentemos y lo disfrutemos, nos pide dejar de lado nuestro día a día, por sólo unos minutos para abrir nuestros
ojos, abrir nuestras mentes y seguirlo brevemente hacia el azul más allá, pues como él llamó a sus obras, son las ventanas abiertas hacia la libertad...
“Fue en 1960 que Yves Klein viajó al suburbio de París más mundano que pudo encontrar, y fue ahí donde decidió realizar su más audaz truco hasta entonces.
En una mañana de domingo Yves subió a un edificio de apartamentos y saltó.” (Fox, J. 2012) (ver imagen ).
“Fue en 1960 que Yves Klein viajó al suburbio de París más mundano que pudo encontrar, y fue ahí donde decidió realizar su más audaz truco hasta entonces.
En una mañana de domingo Yves subió a un edificio de apartamentos y saltó.” (Fox, J. 2012) (ver imagen ).

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